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Literatura

Acabar con la “cursicultura”

El escritor polaco Witold Gombrowicz, gran perturbador, dio forma a las mentiras que paralizan los bellos desórdenes de lo vivo. Movido por su vínculo con la historia de su país y por las tensiones políticas de su época, dio visibilidad a lo burlesco de cierta modernidad y a la bufonería de la “madurez”.

por Jean-Pierre Salgas, diciembre de 2016

“La literatura es extremadamente fácil; por eso es extremadamente difícil. Un relato, un poema, una novela –nada más simple, cualquiera es capaz de ello–. Pero de ahí a penetrar en el terreno donde la palabra es incisiva... Para lograrlo, esto es lo que les sugiero: nada de docilidad, nada de modestia. Dejen de ser niñitos obedientes”. El escritor polaco Witold Gombrowicz (1904-1969) es sin duda conocido actualmente en Francia sobre todo por su teatro. Básicamente tres piezas, bajo el signo de William Shakespeare, actúan como punto de articulación de la obra: Yvonne, princesa de Borgoña (1935), Opereta (1966) y, entre ambas, El Matrimonio, (1948), puesta en escena por el argentino Jorge Lavelli en 1964. Pero quizás hayan sido sus novelas las que juegan, de la forma más desestabilizante posible, a abordar la entrada irreversible en la “madurez”, minando las Formas y la Cultura, la “cuculture”, desplegando la parodia y lo (...)

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