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El Congreso de Brasil, punta de lanza de los intereses de las elites

“300 ladrones con títulos de doctor”

La presidenta brasileña Dilma Rousseff, reelegida con escaso margen en octubre de 2014 y debilitada por un escándalo de corrupción sin precedentes en el seno de la sociedad Petrobras, ha querido tranquilizar a su oposición virando hacia la derecha. Intento fallido: sólo ha conseguido abrir el apetito de los liberales. Limitada desde su base, se encuentra a merced de diputados rebeldes y más preocupados a veces por su enriquecimiento personal que por la política.

por Lamia Oualalou, noviembre de 2015

Brasil se enfrenta a una triple crisis: económica, política e institucional. Después de doce años de crecimiento, el gigante latinoamericano se hunde en la recesión. Según las previsiones, el Producto Interior Bruto (PIB) se contraerá este año un 3%, y este retroceso seguirá en 2016, en un contexto de explosión del desempleo (cerca del 8%, frente al 4% en 2014) y de inflación elevada (se espera más del 9,5% este año).

Abucheada por la mayor parte de la población –menos del 10% de los brasileños aprueban su actuación–, la presidenta Dilma Rousseff ha sufrido desde el verano una serie de afrentas. Para intentar tranquilizar a la oposición, que exige su destitución, aceptó en agosto colaborar con la elite económica en la puesta en marcha de un plan muy conservador, bautizado como “Agenda Brasil”. Los esfuerzos fueron en vano: dos meses más tarde, a petición de la oposición, el Tribunal Superior Electoral (...)

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