La importancia científica de Juan Negrín –creador de una notable escuela española de fisiólogos– y su relevante dimensión política, desde que en 1937 fuera nombrado presidente del Gobierno, han dejado en una zona de sombra otros afanes e intereses como su pasión por los libros y por la lectura. De maniático e indiscriminado coleccionista de libros se definió a sí mismo en 1944 en una carta a Luis Araquistáin. Otros testimonios, en el umbral de los años 1930, avalan esa imagen. “Gran devorador de (...)


