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Una biblioteca fascinante

Juan Negrín, un lector errante

Desde sus años de estudiante en Leipzig, Negrín adquirió una pasión por los libros que nunca abandonó. Las ciencias, las letras, las artes y la política se confunden en sus bibliotecas, –viajeras entre Madrid, y, ya en el exilio, Chiddingfold y París– porque se fueron confundiendo en su vida.

por Salvador Albiñana, noviembre de 2015
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Juan Negrín en la Asamblea General de la Sociedad de Naciones en Ginebra denunciando la intervención de las potencias fascistas en la Guerra Civil española. 14 de septiembre de 1937. Archivo Juan Negrín López, París.

La importancia científica de Juan Negrín –creador de una notable escuela española de fisiólogos– y su relevante dimensión política, desde que en 1937 fuera nombrado presidente del Gobierno, han dejado en una zona de sombra otros afanes e intereses como su pasión por los libros y por la lectura. De maniático e indiscriminado coleccionista de libros se definió a sí mismo en 1944 en una carta a Luis Araquistáin. Otros testimonios, en el umbral de los años 1930, avalan esa imagen. “Gran devorador de libros y de periódicos”, escribió Mariano Ansó, que sería ministro de Justicia en el primer Gobierno de (...)

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