El escritor Ricardo Gullón dejó dicho que Josep Llorens i Artigas era “un barcelonés pequeñito, moreno, en quien se daba cierto caso extraordinario de doble personalidad que bien pudiera haber servido de modelo a Stevenson para su Jekyll y Hyde. En él viven dos personas distintas –y estoy por decir tres, pero la historia se haría un poco larga–; una especie de bon vivant despreocupado, parlero, alegre y no muy amigo del trabajo”. También era concienzudo, afanoso y capaz de realizar considerables esfuerzos con enorme seriedad. Cuando el horno estaba encendido, Llorens pasaba a segundo plano y Artigas, absorto en la (...)


