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Un favoritismo fiscal injustificable

Con el paso de las décadas, los poderes públicos franceses han ido creando un entorno fiscal y normativo a medida para la patronal, sin ninguna contrapartida: crédito fiscal para la competitividad y el empleo, zonas francas, exoneración del impuesto sobre bienes inmuebles, facilidades a nivel contable o exenciones y desgravaciones fiscales de todo tipo. Así pues, el Estado del bienestar funciona muy bien… para las empresas.

por Christian de Brie, febrero de 2018

Hace más de cincuenta años, el patrón de los patronos de Francia del momento, al comentar la reducción a la mitad del impuesto de sociedades, dejaba caer que “las zanahorias no le interesan a la patronal”. Desde entonces, los empresarios no han dejado de recibir cestas enteras de estos incentivos, hasta el último presidente de la principal patronal francesa –el Movimiento de Empresas de Francia (MEDEF)–, Pierre Gattaz, quien alardeaba en 2015 de que, a cambio de algunos manojos adicionales (el crédito fiscal para la competitividad y el empleo, CICE, siglas en francés) se iban a crear un millón de empleos. Se entregaron las zanahorias, pero no se crearon los empleos.

La retórica está muy perfeccionada. Uno: no reconocer nunca haberse beneficiado de una ventaja fiscal, si no es a regañadientes y como una pequeña compensación, antes de solicitar una reducción mucho más consecuente. Dos: quejarse siempre de las pesadas cargas (...)

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