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Suplemento realizado por la FAO (Naciones Unidas)

Transformación agrícola regional, por la salud humana y del planeta

por Julio Berdegué, diciembre de 2019

La producción de alimentos en América Latina y el Caribe debe ser replanteada de manera urgente. Su transformación hacia un sistema más productivo y a la vez más sostenible, resultará crucial para enfrentar dos grandes problemas globales: la malnutrición y el cambio climático.

Hoy son más de 820 millones de personas en condición de hambre en el mundo. A ello se une la creciente inseguridad alimentaria, o falta habitual de alimentos nutritivos, que afecta actualmente en un nivel “moderado” a un quinto de la población mundial. El escenario supone un enorme reto dada además la rápida expansión demográfica. Para el año 2050 la población mundial aumentará a más de 9 mil millones de personas, con lo que se calcula un incremento del 50% en la demanda de alimentos. Esta realidad nos obliga a pensar en una estrategia para elevar la producción en nuestra región, que juega un papel central en la seguridad alimentaria global, al aportar el 45% de las exportaciones globales netas de alimentos.

El desafío es doble, porque al mismo tiempo la agricultura en nuestros países debe hacerse cargo de cuidar la salud del planeta, incluyendo necesariamente una significativa reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI) que causan el cambio climático. En el mundo, el sector agrícola aporta el 10,6% de las emisiones de GEI totales, mientras que en América Latina y el Caribe esta contribución es el doble, con el 22,6% de las emisiones. Si a la agricultura (cultivos más ganadería) se le suman la silvicultura y otros usos de la tierra, entonces las emisiones se elevan hasta el 51% del total de las emisiones de GEI en la región. Estos datos muestran la evidente necesidad de una transformación de nuestra agricultura y de nuestros sistemas alimentarios.

América Latina y el Caribe puede disminuir sus emisiones de GEI relacionados con la agricultura, pero para ello se necesitan cambios tecnológicos e institucionales, orientados a desacoplar las emisiones de la producción, es decir, emitir mucho menos por cada unidad de producto. La región está en camino para lograr este desafío; entre 1990 y 2015, cinco países (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Jamaica y Surinam) aumentaron su producción agrícola al tiempo que disminuyeron sus emisiones totales de GEI. En otros 19 países, si bien aumentaron las emisiones, bajó la relación entre producción y emisiones.

El reto debe ser abordado como una oportunidad para mejorar. Nuestra región es una de las pocas que aún cuenta con espacio importante para aumentar su oferta alimentaria. El 28% de las tierras disponibles con potencial mediano a alto para la producción agrícola sostenible en el mundo, están en América Latina y el Caribe.

Además, la región cuenta con cerca de un tercio de los recursos de agua dulce del mundo. Con esta combinación, no resulta difícil anticipar que América Latina y el Caribe jugará un rol aún más importante como proveedor mundial de alimentos en las próximas décadas, pero se necesita implementar cambios en las técnicas de producción. Un ejemplo del camino a seguir se da en Ecuador. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto a la empresa privada El Ordeño, presentó recientemente resultados positivos de una alianza para avanzar hacia una agricultura más productiva y sostenible en el país a través de una gestión integral y participativa. La empresa se unió a una iniciativa que fomenta la ganadería climáticamente inteligente mediante el desarrollo de capacidades locales, que mejoran las competencias del pequeño y mediano productor de leche para optimizar su producción y reducir sus emisiones.

El resultado positivo de esta asociación público-privada resalta la importancia de las alianzas estratégicas entre la FAO, el sector privado y la comunidad, para avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), dentro del marco de la Agenda 2030.

El anterior es un caso entre muchos, pero aún hay un largo camino que recorrer para cumplir con la necesaria transformación agrícola en la región. Una adecuada alimentación y nutrición requiere lidiar, en el corto plazo, con los altos niveles de emisiones de GEI que están ocasionando el cambio climático global. De lo contrario, es posible que, para alimentar a los más de 9 mil millones que seremos en 2050, las contribuciones de emisiones GEI de este sector aumenten.

Es cierto que la profundidad de las transformaciones necesarias tendrá un correlato de diferencias y tensiones respecto de la orientación y la magnitud de las estrategias de respuesta. Por lo mismo, lograr que ello se realice no es algo que podamos dar por seguro en una región cruzada por tantas desigualdades e inestabilidad.

Aumentar la producción de alimentos y al mismo tiempo reducir las emisiones del sector agrícola es una ecuación compleja, pero es nuestro deber buscar soluciones simultáneas a ambos desafíos. Es el momento de actuar juntos para concretar esta necesaria transformación.

Julio Berdegué

Subdirector General y Representante Regional para América Latina y el Caribe, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

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