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Pasado y tradición en las universidades de Estados Unidos

Eldorado universitario norteamericano no ha cesado de fascinar a las elites mundiales, deslumbradas por los centros ricamente dotados, los rutilantes campus y las bibliotecas saturadas de obras. Aunque durante la posguerra se produjo cierta democratización de la enseñanza superior, el sistema universitario se ha acomodado siempre a centenares de instituciones mal dotadas y poco buscadas, salvo por los estudiantes pobres alejados de las facultades de elite. Este modelo, en el que la “diversidad” sustituye a la igualdad, ¿es el que tienta a Europa, en particular a Francia desde la llegada de Nicolas Sarkozy al Elíseo?

por Christopher Newfield, septiembre de 2007

Durante la mayor parte de su historia, el sistema universitario de Estados Unidos respondió a la misión de progreso económico y social que en Europa remitía al Estado de bienestar. Esta función de integración social fue siendo gradualmente abandonada. La Universidad se parece cada día más a una cantera de mano de obra y a una prestataria de servicios para las empresas. A pesar de ello, ya se trate del concurso “Elite 10” en Alemania o de las “reformas” en Francia, los criterios para construir un espacio universitario europeo (ver artículo de Christophe Charle, “La lógica bursátil”) se inspiran más en los defectos que en las virtudes del sistema universitario estadounidense.

En Estados Unidos, en medio de una proliferación sin estructura real ni administración que la guíe, el único criterio que prevalece es una temible clasificación entre “buenas” y “malas” universidades. Así, cada región cuenta con algunas “buenas”, (...)

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