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Nelson Mandela, los caminos inesperados

Su nombre se pronuncia en los cinco continentes y es sinónimo de resistencia, liberación y universalidad. Luchador empecinado, así como pespicaz, Nelson Mandela ha celebrado su nonagésimo quinto cumpleaños. La idea misma de que nos prosternemos al pie de su estatua le exaspera: afirma que hay que avanzar y continuar con la inmensa tarea de la emancipación.

por Achille Mbembe, agosto de 2013

Cuando Nelson Mandela se apague, podremos declarar el fin del siglo XX. El hombre que hoy se encuentra en el crepúsculo de su vida habrá sido una de sus figuras emblemáticas. Exceptuando a Fidel Castro, tal vez sea el último de una estirpe de grandes hombres condenada a la extinción, hasta tal punto nuestra época tiene prisa por acabar de una vez por todas con los mitos.

Más que el santo que él afirmaba con gusto nunca haber sido, Mandela habrá sido, en efecto, un mito viviente, antes, durante y después de su largo encarcelamiento. Sudáfrica –ese accidente geográfico al que le cuesta volverse concepto– halló en él su Idea. Y si este país no tiene ninguna prisa en separarse de él, es porque el mito de la sociedad sin mitos no carece de peligros para su nueva existencia como comunidad después del apartheid.

Pero, si bien no podemos dejar de concederle (...)

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