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Setenta años después del final de la Guerra Civil

Memorias de un conflicto

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1º de abril de 1939, año de la victoria. El Generalísimo. Fdo. Francisco Franco Bahamonde”. Con este bando concluían tres años de guerra, iniciada con el golpe militar contra la República constitucional. Miles de víctimas, entre muertos, heridos y desaparecidos, ilustraban el balance de una España que inauguraba una etapa de autarquía y aislamiento. Desde aquel primero de abril hasta el 20 de noviembre de 1975 –día en que Franco murió– España sufrió uno de los periodos más crueles de su historia. A la derrota de la causa republicana siguió una feroz y sangrienta represión, la implantación de un régimen de terror y la abolición de libertades. Asesinatos políticos, juicios sumarísimos, fusilamientos, torturas, expolios, hambre y represalias conformaron, con el exilio y el aislamiento por parte de las democracias occidentales, el epílogo a tres años de conflagración bélica. No fue un enfrentamiento interno entre iguales. Ni las fuerzas rebeldes –llamadas “nacionales”–, ni la República combatieron con sus propios medios. Los fascismos europeos y la Iglesia católica prestaron apoyo decisivo a los golpistas, mientras la República, con sus disidencias, concitaba solidaridad diversa –caso de las Brigadas Internacionales– y, hasta la agonía bélica, ayuda soviética. Nada fue gratis. La derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial no comportó el auxilio del mundo democrático. Al contrario, Estados Unidos encontró en el régimen dictatorial un aliado ejemplar para combatir al comunismo. Muerto el dictador y restablecida la democracia formal, España sigue, treinta años después, con heridas abiertas más de setenta años atrás. La transición democrática pretendió legitimar bajo una mortaja de silencio buena parte de la historia, desde los antecedentes al golpe de 1936, hasta los episodios más funestos de la represión, sin olvidar juicios sumarísimos, expolios patrimoniales, y toda clase de responsabilidades políticas y militares. La reciente Ley de la Memoria Histórica está lejos de cumplir con las expectativas que levantó, y los cada vez más escasos supervivientes –ni sus familias– no parece que vayan a obtener satisfacción por los desmanes. Las enormes dificultades y trabas para localizar, recuperar o dar digna sepultura a cuantas víctimas yacen en fosas comunes, son sólo un ejemplo de la falta de voluntad en esclarecer el pasado, determinar responsabilidades y arbitrar compensaciones. Pese a las presiones de la derecha heredera del franquismo y de una socialdemocracia diletante, olvidadiza y poco dispuesta a aliviar causas abiertas –entre las cuales la devolución, a sus dueños y herederos legítimos, de documentos y bienes particulares incautados y depositados en archivos a modo de botín de guerra-, no resulta fácil borrar la memoria histórica. Ni siquiera los intentos revisionistas para acomodar los hechos, a cargo de mercenarios y conversos de dudosa solvencia, impiden el alud de narraciones que siguen arrojando luz sobre el período que cambió la historia de España. Ensayos, crónicas, testimonios y material gráfico inédito alimentan el debate y rellenan los espacios que pretendió acotar la amnesia impuesta en la transición democrática.
Le Monde diplomatique en español, quiere contribuir al relato con una muestra variada de estas obras que refuerzan la memoria histórica.

por Manuel S. Jardí, abril de 2009

ESPAÑA COMIENZA EN LOS PIRINEOS
Luis Suárez
Ed. Biblioteca del Exilio. Sevilla. 2008

Luis Suárez López (Albaida del Aljarafe, Sevilla, 1918 – México, 2003), comenzó su carrera periodística en 1936, con un par de artículos en “El Liberal” de Sevilla. Durante la guerra desarrolló una precoz y brillante carrera militar, alcanzando el grado de capitán. Fue dirigente de la Juventud Socialista Unificada y posteriormente se incorporó en Madrid a las milicias republicanas. En 1939 zarpó hacia el exilio mexicano a bordo del buque Siania. En el territorio de acogida trabajó en diversos medios de prensa y dirigió espacios radiofónicos. En su actividad profesional, Luis Suárez cubrió importantes acontecimientos, no sólo en América Latina: la guerra de Vietnam, la revolución dominicana en 1985, la lucha guerrillera en Bolivia o la revolución de Nicaragua, entre otros. Como escritor publicó treinta libros, entre los que destacan, junto a este volumen, “Confesiones de (...)

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