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La retórica antichina aumenta la inseguridad entre los asiático-estadounidenses

La suerte de los camboyanos en el Bronx

por Maxime Robin, noviembre de 2021

Pequeño enclave en el noroeste del Bronx, Little Cambodia se contrae año tras año. De una población de 10.000 habitantes en la década de 1980, esta comunidad ha quedado reducida a menos de 1.000 personas, diseminadas por el barrio de Fordham. De la oleada de refugiados que llegaron durante las décadas de 1970 y 1980 no quedan más que vestigios, tales como el templo budista Wat Jotanaram y un puñado de comercios de alimentación como el Battambang Market. Las generaciones más jóvenes se han trasladado a vivir principalmente a California y Massachusetts, donde se encuentran las comunidades camboyanas más dinámicas.

“Nosotros no elegimos el Bronx”, recuerda Chhaya Chhoum, directora ejecutiva de Mekong NYC —una organización de ayuda mutua para refugiados camboyanos y vietnamitas—, durante un curso virtual de cocina organizado para recaudar fondos destinados a los ancianos. Chhoum aterrizó en Nueva York a la edad de 7 años procedente de un campo de refugiados en Filipinas. “Nos soltaron en el melting-pot (crisol de culturas) de la peor de las maneras. Desplazados y posteriormente abandonados por el gobierno estadounidense”. Los camboyanos del Bronx forman parte del millón de personas venidas del sudeste asiático (Camboya, Vietnam, Laos) que se refugiaron en Estados Unidos después de que el presidente James Carter firmara la Refugee Act de 1980. En este periodo de rivalidad ideológica contra el socialismo, la acogida de los refugiados se consideraba unánimemente positiva: “Los halcones republicanos podían jactarse de la fuerza hegemónica del sistema capitalista estadounidense, y para los progresistas era una oportunidad de ensalzar la generosidad humanitaria de Estados Unidos”, analiza el sociólogo Eric Tang (1).

De los 150.000 refugiados camboyanos, 10.000 fueron ubicados en el Bronx en condiciones miserables; a menudo, en viviendas insalubres abandonadas por sus anteriores inquilinos. Las comunidades autóctonas los recibieron como competidores adicionales en el mercado laboral, en medio de la epidemia del crack. “El Bronx estaba en llamas –recuerda Chhoum–. Fue como pasar de una guerra a otra”.

Los refugiados encontraron trabajo manual en fábricas y salones de manicura. “Estos migrantes, que vinieron a rehacer sus vidas con 30 y 40 años, son ahora personas mayores” vulnerables a la covid-19. Chhoum también considera que las autoridades neoyorkinas no han estado a la altura para afrontar la pandemia que ha golpeado duramente al Bronx. Señala los problemas de traducción, una insuficiente cobertura de vacunación e incluso hambrunas, con personas mayores haciendo cola delante de los centros de distribución de alimentos, como el de la imponente iglesia del barrio, St. Nicholas of Tolentine, que ofrece los servicios pastorales en inglés, vietnamita y español. “Expuestos al frío y al virus, con artritis, nos sentíamos desolados al pensar en ellos. Entonces nos preguntamos qué podíamos hacer para que su vida fuese un poco más fácil, un poco más cómoda. Ellos, que habían tenido que escapar del genocidio y de los bombardeos…”. Chhoum afirma que muchos camboyanos del Bronx todavía sufren trastornos de estrés postraumático y son presa de la depresión. Desde 1989, el barrio albergaba la Indochinese Mental Health Clinic, un centro especializado en el tratamiento de patologías mentales de los refugiados de guerra de la antigua Indochina, la única en su campo en Nueva York. El centro médico cerró sus puertas en 2015, a pesar de la fuerte movilización de vecinos y usuarios. Chhoum describe un sentimiento general de abandono, así como el hartazgo de “tener que luchar por los food stamps”, los cupones de comida que distribuye el Estado a las personas necesitadas. Por no hablar de las amenazas de deportación que pesan sobre quienes que no tienen la nacionalidad estadounidense: la policía de fronteras informa actualmente de que 1.900 camboyanos están a la espera de ser deportados a su país de origen. Un país cuyos códigos y lengua ya no conocen y al que deberán volver dejando a sus familias, a menudo mujeres y niños, en Estados Unidos.

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(1) Cf. Eric Tang, Unsettled: Cambodian Refugees in the Hyperghetto, Temple University Press, Filadelfia, 2015.

Maxime Robin

Periodista.

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Asiático-estadounidenses, una comunidad heterogénea

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