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Una sociedad inquieta descrita por escritores y cineastas

Japón: una crisis oculta otra

En Tokio, los escándalos se suceden. A pocos meses de las elecciones legislativas, el jefe de la oposición Ozawa Ichiro está siendo investigado por financiamiento ilegal de su partido. El 16 de febrero de 2009, el ministro de Finanzas Nakagawa Soichi, que se había presentado completamente ebrio a la reunión del Grupo de los Veinte (G-20) en Roma, fue obligado a renunciar. Nada más inoportuno en plena discusión sobre un segundo plan de despegue. Mientras tanto, ante un nivel de pobreza récord, la sociedad se moviliza.

por Odaira Namihei, mayo de 2009

En una soleada tarde, el 8 de junio de 2008, un hombre de unos veinte años camina por las calles repletas de gente del barrio de Akihabara, importante centro de la cultura popular, en Tokio. Los habitantes de la ciudad y los turistas acuden en cantidad para ver quiénes han vestido el traje de un héroe de manga o de anime (film de animación). Un domingo tranquilo como cualquier otro… hasta que el hombre saca un puñal y ataca a diecisiete personas. Siete de ellas mueren, las otras diez resultan gravemente heridas. Todo el país queda conmocionado.

Como siempre, surgen las explicaciones de los especialistas: “Japón está convirtiéndose en una potencia criminógena. Para evitarlo hay que reforzar las medidas de seguridad”. Sin embargo, como la cantidad de crímenes de sangre no ha dejado de disminuir desde mediados de la década de 1950, la reputación de país tranquilo que posee Japón no (...)

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