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Después de la Cumbre del G-20 de Londres

Cosmética para las finanzas mundiales

La Cumbre del G-20 del 2 de abril pasado en Londres concluyó en una atmosfera de euforia colectiva. Los jefes de Estado y de Gobierno transmitieron a la opinión pública mundial el sentimiento de que la crisis se hallaba bajo control y que, gracias a las medidas adoptadas, el final de este periodo sombrío de la economía planetaria ya se vislumbraba. La realidad es muy diferente. La Cumbre ha reafirmado que la gestión neoliberal de la economía es la única vía aceptable, cuando esa gestión irracional es la responsable principal de la crisis. Por eso las muy tímidas decisiones adoptadas no tienen nada de atrevido y constituyen una cosmética para las finanzas mundiales. La crisis sigue y se agrava.

por Laurent Cordonnier, mayo de 2009

Los efectos devastadores de la crisis parecen haber alcanzado finalmente la masa crítica suficiente para producir algunos reordenamientos en la regulación económica y financiera del capitalismo globalizado. Cabe incluso alabar, junto a John Maynard Keynes, esa capacidad –que algunos denominan elegantemente pragmatismo– que “lleva a los hombres de Estado y administradores a limitar las consecuencias más graves de los errores derivados de los estudios en los que se formaron, al tomar iniciativas casi en contradicción con sus principios, sin ser a la vez, en la práctica, ni ortodoxos ni heréticos…”.

Las pruebas están a la vista: en apenas tres o cuatro meses, los mismos que se aprestaban a votar presupuestos rigurosos; a ajustar la política monetaria para evitar los “efectos de segunda vuelta” inflacionistas (en realidad, las alzas de salarios); a perfeccionar “la integración financiera europea”; repentinamente se dedicaron a efectuar colosales inyecciones de liquidez en el sistema bancario; a bajar (...)

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