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¿Economía circular o reciclaje tóxico?

El Mediterráneo envenenado

En nombre de la preservación del empleo, las fábricas de alúmina en las costas francesas se aprovecharon de una moratoria para poner fin a los vertidos de barros rojos en el Mediterráneo. Veinte años más tarde, la polución perdura y el empleo nunca ha aparecido tan amenazado, por falta de soluciones sostenibles. Los documentos que presentamos en esta investigación demuestran la importancia del desafío sanitario.

por Barbara Landrevie, mayo de 2015

Arsénico, uranio 238, torio 232, mercurio, cadmio, titanio, sosa, plomo, cromo, vanadio, níquel: estos son algunos componentes de los “barros rojos” vertidos todos los días por centenares de toneladas en la costa francesa del mar Mediterráneo. Una tubería construida en 1966 aleja esos desechos a siete kilómetros mar adentro de las costas, en el corazón de un enclave que destaca por su biodiversidad, y que en 2012 se convirtió en el parque nacional de Calanques [próximo a Marsella]. En medio siglo han sido derramadas, a doscientos cincuenta metros de profundidad, cerca de treinta millones de toneladas, que dispersan sus elementos tóxicos del golfo de Fos a la rada de Tolón, sumándose a las aguas contaminadas del Ródano.

Estos barros se originan en la industria del aluminio. Una vieja historia en esta región: la bauxita, el mineral de aluminio, fue descubierta en Baux-de-Provence en 1821. El procedimiento Bayer, puesto a punto en (...)

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