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La alterada historia de la petrolera desprivatizada

YPF, petróleo y soberanía en Argentina

La Presidenta argentina Cristina Fernández anunció, el pasado 16 de abril, que el Estado argentino tomaba el control de la petrolera YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), filial local de la multinacional española Repsol. El 51% de las acciones de YPF han sido expropiadas, el otro 49% queda en manos de inversores privados (entre ellos el grupo argentino Petersen propietario del 25,4% del capital de la empresa). La Presidenta ha justificado la medida por la disminución de la producción debida, según ella, a la falta de inversiones de Repsol.

Para las autoridades argentinas se trata de un acto de soberanía para retomar el control de sectores estratégicos de la economía. Esta desprivatización vendría a corregir el amplio programa de privatizaciones realizado durante el gobierno neoliberal de Carlos Menem en los años 1990. Para Repsol (empresa privatizada por el gobierno de Felipe González en 1989) es un golpe muy duro, ya que YPF representa más del 30% de sus beneficios y una parte aún más importante de sus reservas.

El gobierno conservador español, en una reacción sin duda excesiva e inútilmente “nacionalista”, ha reclamado “represalias” y ha solicitado el apoyo de la Unión Europea. El cual ha sido tibio y formal, semejante al de los Estados Unidos. En cuanto a las “represalias”, cabe señalar que las inversiones españolas en Argentina ascienden a cerca de treinta mil millones de euros, mientras que las de Argentina en España no alcanzan siquiera los 67 millones...

por Nicolás Gadano, mayo de 2012

Una vez más, el destino de YPF y de la industria petrolera se debate en la agenda pública de los argentinos. Los históricos dilemas de la industria –explotación privada versus monopolio estatal; dominio provincial versus dominio federal– vuelven a ocupar los titulares de los diarios.

Los indicadores energéticos muestran una trayectoria crítica insostenible: disminución de las reservas; caída sostenida de la producción de petróleo y gas; escasas inversiones en la industria refinadora, y un fuerte incremento de las importaciones –dirigidas a cubrir la brecha entre el consumo creciente y la producción declinante– y de los subsidios fiscales que financian la permanencia de los precios de la energía artificialmente bajos que han regido en Argentina durante años.

La industria de los hidrocarburos, que en los años de salida de la crisis del 2001 aportó cuantiosos dólares de exportación e impuestos a los dos pilares de la macroeconomía kirchnerista (el superávit comercial y el (...)

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