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A diez años de la creación deL TRIBUNAL Penal Internacional

Una justicia para países débiles

El Tribunal Penal Internacional (TPI), con sede en La Haya, emitió el 4 de marzo pasado una orden de arresto contra el presidente sudanés, Omar Hasán el Bashir, por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la región sudanesa de Darfur. A partir de esa orden, el presidente sudanés podrá ser arrestado en cualquier país del mundo. Sin embargo, es poco probable que un dirigente de un Estado poderoso sea llevado al banquillo de los acusados por este Tribunal que, desde sus inicios hace diez años, ha sufrido el boicot de las grandes potencias.

por Martín Lozada, abril de 2009

¿Cómo establecer un sistema de justicia penal internacional que permita la persecución de conductas que ponen en ­evidencia la crueldad humana y el desprecio por la vida ajena? La internacionalización de la justicia penal remite al proceso mediante el cual la persecución penal, tradicionalmente desplegada en el interior del territorio del Estado por sus órganos competentes, se lleva a cabo fuera de aquél, en el ámbito espacial de uno o más Estados de la comunidad internacional.

La complejidad del planteamiento no es menor: en un sistema internacional de naciones que se adhieren al principio de territorialidad en la aplicación de la ley penal, la pretensión de establecer criterios jurídicos para constituir un sistema represivo respecto de crímenes cuya naturaleza y gravedad conciernen a la humanidad implicaría la atribución de un nuevo alcance al tradicional principio de soberanía estatal.

Los pasos dados hasta el presente no han sido escasos ni carentes de significación. (...)

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