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Un poder egipcio más represivo que nunca

Plaza Tahrir: siete años después de la “revolución”

Los egipcios están llamados a las urnas el 26 de marzo para elegir a su presidente. La oposición denuncia un escrutinio cuyos resultados se conocen de antemano, puesto que ningún candidato de envergadura tiene derecho a enfrentarse al presidente saliente, el mariscal Abdel Fatah Al Sisi. La votación se desarrolla en un contexto en el que las esperanzas originadas con la sublevación de enero de 2011 se han evaporado, y en el que la población se ve confrontada a la degradación de su situación económica, así como a la mano dura del régimen.

por Pierre Daum, febrero de 2018

Plaza Tahrir, una noche del pasado diciembre. En el atrio totalmente liso del edificio Mogamma, una inmensa edificación administrativa de los años 1950 construida por la antigua Unión Soviética en un impresionante estilo soviético, un grupo de jóvenes practica con el monopatín lanzándose desafíos bajo la mirada de dos policías de aspecto bonachón. Parejas de todas las edades, sentadas en muros bajos de piedra dispuestos aquí y allí, disfrutan del espectáculo. Todos parecen indiferentes ante el ensordecedor ruido de los coches y la contaminación, esas dos plagas de El Cairo que ninguna revolución ha buscado vencer nunca. Además, parece lejano aquel momento en el que cientos de miles de egipcios, apiñados codo con codo en esta inmensa plaza, derrocaban un régimen exánime al grito de “¡Mubarak, lárgate!”, o también “‘Ais, Hurriya, ‘Adala Iytima’iyya!” (“¡Pan, libertad, justicia social!”).

Dos años y medio después de esta “revolución de enero”, como la llaman los (...)

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