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Un juego de alianzas fatal en la Europa de 1938

Otra versión de los Acuerdos de Múnich

Hace ochenta años, dos democracias, Francia y el Reino Unido, abandonaron a Checoslovaquia en manos de la Alemania nazi. Con el paso de las décadas, este acuerdo se ha visto eclipsado por el pacto germano-soviético, una alianza presentada como natural entre dos totalitarismos. No obstante, esto significa olvidar que París y Londres, cegados por su preocupación por aislar a Moscú, llevaron a los checoslovacos a entenderse con Berlín, precipitando así la guerra.

por Gabriel Gorodetsky, octubre de 2018

En 1839, el marqués Astolphe de Custine, cuya familia había perecido bajo la guillotina, se fue en busca de consuelo a la Rusia autocrática. Pero volvió a París hastiado y convencido de que los rusos eran “chinos que se hacen pasar por europeos”. Un siglo más tarde, Harold Nicolson, escritor y diplomático británico de renombre, tuvo la sensación, tras haber almorzado en la elegante residencia del embajador de la Unión Soviética en Londres, de que “en todo aquello había algo terriblemente familiar… Jugaban a ser europeos. Se han vuelto orientales”.

Por aquel entonces, como hoy en día, las relaciones entre Occidente y Rusia estaban regidas por ideas preestablecidas y arraigadas profundamente que alimentaron una desconfianza recíproca, llevando al aislamiento de Rusia y a su exclusión de Europa. Hace ochenta años, semejantes percepciones, reforzadas por una herencia de rivalidades imperiales, contribuyeron a la celebración de la calamitosa Conferencia de Múnich, en la (...)

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