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Guayana Francesa: bajo los adoquines está la Biblia

La población de la Guayana Francesa se ha duplicado en veinticinco años. Sus habitantes se sienten abandonados por la metrópolis, de la que depende para todo o para casi todo, y siguen estando aislados económicamente de sus vecinos. No obstante, la porosidad de su frontera la hace permeable tanto al tráfico de oro como al proselitismo evangelista. En primera línea se encuentran los amerindios, quienes se juegan su futuro como pueblo.

por Elven Sicard, mayo de 2017

Las organizaciones amerindias, con sus propias reivindicaciones, han participado plenamente en el movimiento social guayanés de la primavera. Al sentirse olvidados por los poderes públicos, los seis pueblos primigenios de la Guayana Francesa (entre diez mil y veinte mil personas según las estimaciones) están en estrecho contacto con los traficantes de oro y sufren los estragos causados por el bateo del oro, tanto en el ámbito medioambiental como en el de la seguridad. Éste es particularmente el caso de los pueblos del interior, que se han vuelto sedentarios y habitan en el curso alto de grandes ríos (los wayanas en el Alto Maroni, los wayampis en el Alto Oyapoque y los tekos en ambos ríos). Una muestra de su malestar se traduce en un índice de suicidio en el caso de los jóvenes entre ocho y diez veces superior a la media de la Guayana Francesa. Esta situación, compartida en (...)

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