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Imágenes

Elementos esenciales

Elementos esenciales
Edward Burtynsky
Blume, Barcelona, 2016,
202 páginas, 48 euros.

por Pepe Baeza, abril de 2017

Estamos ante uno de los ejemplos visuales más valiosos de que podemos disponer para estudiar la relación entre calidad estética y función comunicativa. Edward Burtynsky (Canadá, 1955) trata en este libro las heridas que la industria pesada deja en el paisaje. Son imágenes de enorme belleza que reflejan el impacto medioambiental resultante del camino seguido por el desarrollo técnico dirigido por el capital. El autor defiende, con razón, que no hay relación antagónica entre el tema tratado y la exquisita forma de representarlo. De esta forma desactiva, al amparo de un honesto argumento en defensa de la fotografía de dolor, una previsible acusación de cinismo por convertir en sublime la degradación del medio ambiente.
Lo controvertido de su obra no reside en su trágica belleza sino en la ausencia del siguiente nivel: el esclarecimiento de las causas del desbordamiento de la sostenibilidad. Para este autor la responsabilidad de la degradación del medio ambiente queda diluida en el conjunto de la humanidad, sin mención de las estructuras de dominio y explotación vigentes: “No creo que sea una cuestión política. Creo más bien que es una cuestión humana, moral y ética”. No se puede poner reparo alguno a las imágenes, pues son bellísimas y están maravillosamente editadas en forma de emparejamientos convertidos en equivalencias visuales; pero sí al distanciamiento y a la ausencia de auténtico contexto crítico con que aborda la degradación del planeta: condición que, junto a su indiscutible calidad, garantiza una alta cotización en el mercado del arte fotográfico.

Si el paisaje del periodo colonial en Norteamérica o Australia, vacío de personas nativas, ha sido interpretado por historiadores como Nicholas Thomas como una invitación consciente o inconsciente de los artistas ingleses a la ocupación de esos territorios (supuesta tierra de nadie), los paisajes industriales de Burtynsky, también despersonalizados, fotografiados desde una distanciada altura y obtenidos y exhibidos en gran formato, suponen en cambio una atenuada visión distópica en que la mayoritaria ausencia de seres humanos –lógicamente los trabajadores desposeídos; los propietarios habitan lugares más salubres– se adecua al canon artístico vigente para la fotografía. De tal forma que las fotos de Burtynsky no podrían adaptarse a una campaña de publicidad de una compañía petrolera, pero sí presidir sus consejos de administración.

Aún así, las fascinantes fotos de Burtynsky tienen un valor potencial que está pidiendo a gritos ser activado por contextos políticos y científicos comprometidos con el futuro de la vida en la Tierra.

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Pepe Baeza