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Créditos públicos, finanzas privadas: el negocio del gran rearme

¡Ay, Señor, pero qué bonita es la guerra!

Durante mucho tiempo encarnaron el tipo humano más despreciable imaginable: los mercaderes de cañones, de quienes Bob Dylan estimaba que no “valían la sangre que corre por sus venas”. Hoy, la Unión Europea los erige en héroes del gran rearme moral y militar. Este mórbido entusiasmo permea también el sector financiero, donde el Estado alienta las inversiones de color caqui.

por Thomas Jusquiame, mayo de 2026
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GRACE GRAUPE-PILLARD. — Gunboat (‘Cañonero’), 2009

“Ver cómo un misil sale de nuestras fábricas para ser entregado a las fuerzas armadas hace de mi trabajo algo extremadamente concreto; tengo en ello parte de responsabilidad”. “Thibault”, un técnico cuyo testimonio se cita en un vídeo promocional del fabricante MBDA, no se hace idea de cuánta razón tiene. En tiempos recientes, los productos de su empleador han devastado escuelas, mezquitas y campos de refugiados gazatíes, causando la muerte de quinientas personas, entre ellas un centenar de niños. Esta empresa europea de armamento con una cartera de pedidos bien surtida —por un valor de 44.000 millones de euros (Challenges, 23 de febrero de 2026)— no ahorra esfuerzos para maquillar su mercancía: un código ético que “vela por el respeto de las libertades fundamentales y los derechos humanos”; campañas internas de (...)

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