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El pragmatismo de la barbarie

Diez ojos por un ojo...

La información que se elabora en tiempos de guerra no difiere verdaderamente de la que se elabora en tiempos de paz. Los conflictos son como una lupa que aumenta los defectos ordinarios. Así, el debate sobre la “desproporción” de la ofensiva israelí revela una tendencia ya habitual de “dos pesos, dos medidas”, que conduce a jerarquizar a las víctimas de los combates en Oriente Próximo, así como a las del racismo en Francia…

por Dominique Vidal, septiembre de 2006

En una de las salas mesopotámicas del museo del Louvre se eleva una imponente escultura de basalto de dos metros y medio de alto, tallada en 1730 a.c. En su cúspide, en su trono delante de Shamash –dios del Sol y símbolo de la justicia– está el rey Hammurabi y se reproduce su Código, uno de los más antiguos del mundo. Entre las leyes compiladas en caracteres cuneiformes figura la célebre ley del talión, que predica la reciprocidad del crimen y el castigo.

El Antiguo Testamento se inspira en este principio, afirmando (Levítico, 9,17-22): “El que hiera a otro mortalmente, sea quien sea, morirá irremisiblemente. El que hiera a una bestia mortalmente, la restituirá: animal por animal. El que maltrate a su prójimo será tratado de la misma manera; fractura por fractura, ojo por ojo y diente por diente”. Más adelante, el Levítico (19, 18) predica, sin embargo, la reconciliación: “No (...)

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