A pesar de que la intención moral de Zimma está lejos de ser transparente, el cuento del narrador y dramaturgo Ismaël Diadié Haïdara (Tombuctú, 1957) ha de ser entendido como una parábola. Los relatos en los que se divide la narración son, en esencia, el relato de un enfrentamiento en el que las emociones centrales son el aislamiento, el miedo y la incertidumbre, aliviadas a través del discurso íntimo y “el encuentro de dos corazones, de dos cantos del mundo que se miran y hacen juntos la música entre el cielo y la tierra”.
En Zimma, el joven Dri tiene que abandonar su aldea. Alejarse de su tierra natal le permite experimentar la soledad (“la cárcel del hombre que no sabe que jamás podrá estar solo”), la muerte (“Todo ser vivo es la huella de un instante del pasado, el habitante efímero de un instante que pasará”), la belleza (“De lo (...)


