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El enigma de las reliquias de Compostela

Prisciliano y basta, España

Intrigado por una frase de Miguel de Unamuno –“No creo que ningún católico medianamente culto pueda pensar que las reliquias de Compostela son de Santiago”–, el autor de este reportaje decide agarrar su Vespa, recorrer el camino de la Vía láctea desde París, y plantarse en Compostela. No pretendía descifrar el enigma (ya lo había resuelto Unamuno: “¡Son de Prisciliano!”), lo que le movió fue una voluntad transgresora, harto del “Santiago y cierra España” que le asestaban, en los años 1960, en su colegio de Madrid, llamado por cierto… ¡“Apóstol Santiago”!

por Ramón Chao, julio de 2009

El vertiginoso scooter surca los sembradíos de la Beauce; en medio del campo y entre los vientos, se distingue una torre sutil, rosada, rasguño en el cielo. Y pronto un cartel: “Combray de Marcel Proust”. Olvido mi humilde Vespa delante de una pastelería donde venden las “auténticas magdalenas para recuperar el tiempo perdido”. Desde el interior de un bar podré vigilarla; hojeo el periódico local y doy con una historieta gráfica dedicada a Prisciliano. Firma un tal Pierre Yves Proust. Llamo a la redacción del periódico. A Proust le sorprende mi llamada. No se trata de una broma, le digo, demostrándole un conocimiento del hereje mucho mayor del que tiene el común de la gente, gracias a las lecturas de Unamuno y de su TBO. No le gusta nada de nada que le llame hereje.

—Es hereje, me replica, según sus enemigos. Fue el primer eclesiástico ejecutado por el brazo secular, (...)

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