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Pakistán fabrica sus propios enemigos

Protegido por las potencias occidentales, Hamid Karzai fue investido presidente el 19 de noviembre de 2009 en Kabul. Tras ocho años de intervenciones extranjeras, Afganistán se hunde en el caos, llevándose consigo en la tormenta a su vecino paquistaní, especialmente las zonas tribales fronterizas, donde los “daños colaterales” de los bombardeos estadounidenses y la retirada del poder público favorecen los extremismos. El presidente Asif Alí Zardari intenta asentarse, lanzando una amplia ofensiva militar en Waziristán. Algunos meses antes, incluso llevó a cabo el mismo tipo de operación en el valle del Swat. Sin resultado tangible, tal y como declara nuestro enviado especial.

por Muhammad Idrees Ahmad, enero de 2010

Desde mi llegada a Peshawar, a mediados de septiembre de 2009, he oído nueve deflagraciones precedidas de silbidos, provenientes de Hayatabad, un suburbio al oeste de la ciudad. ¿El objetivo de esos disparos de misiles? Un puesto de guardias fronterizos encargados de vigilar la barrera a través de la cual se entra a la región tribal de Khyber.

El Gobierno de Pakistán, alentado por los estadounidenses, declaró en 2002 la guerra a los talibanes, con la consiguiente multiplicación de las operaciones militares en las zonas tribales bajo administración federal (Federally Administered Tribal Areas, FATA). Esos territorios, situados a lo largo de la frontera con Afganistán en el noroeste del país, están divididos en siete agencias y seis regiones (ver mapa), y tienen un total de tres millones de habitantes (2% de la población paquistaní). Los talibanes afganos se refugiaron allí después de su derrota –en el norte de Waziristán, bajo la (...)

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