Poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, el movimiento pacifista internacional ambicionaba construir una ciudad universal para reunir a la élite científica, intelectual, deportiva y espiritual de todas las naciones. El periodista Jean-Baptiste Malet cuenta la historia poco conocida de esa utopía que entrecruzó los destinos de filántropos burgueses, socialistas y el rey de Bélgica.
por Jean-Baptiste Malet,
septiembre de 2022
Huecograbado de Jules Chauvet. Imagen extraída de la obra de Hendrik Andersen "Creation of a World Centre of Communication", impresa por Philippe Renouard, París, 1913
A su llegada a Bruselas a principios de septiembre de 1911, el exdiplomático estadounidense Urbain Ledoux se presenta en la sede de la Unión de Asociaciones Internacionales. Allí conoce a dos figuras del movimiento pacifista: el bibliógrafo Paul Otlet y su amigo Henri La Fontaine. Senador del Partido Obrero Belga, La Fontaine preside la Oficina Internacional por la Paz, el organismo pacifista más importante del planeta.
Ledoux informa a los dos belgas de que una pareja de artistas estadounidenses, Olivia y Hendrik Andersen, están trabajando en un proyecto de ciudad internacional y de que, a tal (...)
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