En 1987, un joven escritor publicó con el título Ha-Zeman Ha-Tzahov (‘El tiempo amarillo’) una de las obras más importantes sobre la cuestión palestina aparecidas en Israel. En lenguas no hebreas, se tituló El viento amarillo; dos títulos para una misma historia: uno para la indiferencia, el otro para la catástrofe. En él, David Grossman narraba la realidad violenta de la ocupación y advertía a sus compatriotas que su ceguera los estaba conduciendo a la catástrofe. Seis meses más tarde estalló la primera intifada. “La historia mundial ha demostrado que el Estado que estamos manteniendo aquí (...)


