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Obstinación democrática

En Sudán es primavera

Sudán, privado de renta petrolera desde la secesión de su parte sur en 2011 y exangüe debido al exorbitante gasto militar, sufre la tutela, preconizadora de la austeridad, del FMI. El país, que soñaba con ser el granero del mundo árabe, ya no puede alimentar a sus habitantes. La población, exasperada, ha expulsado al dictador Omar al Bashir. Pero, ¿dejará el Ejército el poder?

por Giovanna Lelli, mayo de 2019

El 19 de diciembre de 2018, el Gobierno sudanés, dirigido por el general Omar al Bashir, anunciaba, entre otros incrementos, la triplicación del precio del pan, que pasó de 1 a 3 libras sudanesas (de 2 a 6 céntimos de euro). La explicación de la medida se encontraba en la voluntad de las autoridades de reforzar una política de austeridad puesta en marcha en 2014 para hacer frente a una inflación galopante (un 70% en diciembre de 2018) y al hundimiento de la moneda nacional (1 libra sudanesa equivalía a 0,42 dólares estadounidenses en 2009 y a 0,02 dólares a finales de 2018). La población, ya afectada por los efectos del plan de ajuste estructural adoptado por Jartum en 2017 –bajo la égida del Fondo Monetario Internacional (FMI)– y por una incesante escasez de productos básicos y de carburante, reaccionó desde el día siguiente invadiendo las calles de las principales (...)

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