Hay dos cineastas en Wang Bing. Uno es geógrafo. A la antigua usanza, dibuja mapas, con sus desiertos, montañas y ríos. El otro es historiador. A la antigua usanza, también. Escucha, en silencio, historias alrededor de un fuego, en un vestuario, junto a la cabecera de un enfermo, en cualquier lugar donde no exista la sombra de un discurso oficial. De película en película, recorre China. Todo comienza en el noreste, donde Wang Bing presencia el desmantelamiento de las fábricas siderúrgicas regalo de los soviéticos (Tie Xi Qu: West of the Tracks, 2002). En el centro del país, recoge testimonios sobre la brutal campaña antiderechista emprendida en la década de (...)
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Cuando Wang Bing explora “la fábrica del mundo”
Del dolor y la alegría
De este cineasta único, que salió a la palestra en 2003 con el documental West of the Rails, se dice que retrata el trabajo tal y como se ejerce en China. Los especialistas alaban el aspecto “rizómico” de su obra, en la que cada propuesta se nutre de las precedentes y las completa. De película en película, Wang Bing compone un retrato inesperado de su país, en fraternidad con quienes le dan vida.
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