Sigo los pasos de Espido Freire, vasca, hija de gallegos, desde sus veinticinco años, cuando se tradujo su novela Irlanda al francés. Le hice entonces una entrevista, y me trastornó la atmosfera inquietante que imana y logra comunicar también a sus personajes. En los juegos de coincidencias o presentimientos que ocurrían en su novela, se disfrutaba la sencillez aparente de la prosa, tan trabajada.
Y el dramatismo. Ya en la primera página de Irlanda moría su hermana Sagrario, tras una penosa enfermedad. Sus padres envían a Natalia (Espido), la hermana mayor, a pasar el verano con sus primos Roberto e Irlanda para ayudarles a restaurar la decrépita mansión familiar. Al principio, fascinada por su tan perfecta prima, la ensoñadora y locuela Natalia trata de crecer y situarse a su altura. Pero las artimañas de Irlanda y la disparidad de sus caracteres amenazan con transformar esta fascinación en odio
La estrategia narrativa (...)


