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Otra Europa es posible

La prueba europea de la disuasión nuclear francesa

No hay mejor indicador de la salud de un Estado democrático y de su capacidad de proyección hacia el futuro que su sistema de Seguridad y Defensa. Esta afirmación es indudablemente cierta para un Estado considerado aisladamente, pero lo es aún más para una entidad política compuesta por varios Estados, como es el caso de la Unión Europea.

por Bernard Cassen, marzo de 2020

No hay mejor indicador de la salud de un Estado democrático y de su capacidad de proyección hacia el futuro que su sistema de Seguridad y Defensa. Esta afirmación es indudablemente cierta para un Estado considerado aisladamente, pero lo es aún más para una entidad política compuesta por varios Estados, como es el caso de la Unión Europea (UE). Hasta la fecha, no existe una política de defensa europea, como sí se dispone de una política agrícola, monetaria o comercial comunes. En estos tres casos, todo el campo definido por el título correspondiente depende de decisiones comunitarias, y ya no nacionales. No es el caso de la seguridad y la defensa que permanecen, al menos sobre el papel, en manos de los Estados, algunos de los cuales no saben realmente qué hacer con su soberanía.

Todo era mucho más simple durante la Guerra Fría: por un lado, el “mundo libre” con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), bajo la tutela directa de Washington; por el otro, el Pacto de Varsovia, bajo las órdenes de Moscú, que se desintegra tras la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989. En la actualidad, el orden mundial no tiene nada que ver con el de hace treinta años: el surgimiento de China como superpotencia, el regreso de Rusia al “tablero” geopolítico global, el repliegue de Estados Unidos de Oriente Próximo, el auge mundial de los movimientos y gobiernos autoritarios o de extrema derecha, el cambio climático, etc.

Para la UE, el mayor cambio sufrido desde el punto de vista estructural ha sido el cuestionamiento del vínculo transatlántico por parte de Donald Trump. Alternando una de cal y otra de arena, unas veces declarando que la OTAN estaba “obsoleta”, y en otras ocasiones reprochando al presidente francés Emmanuel Macron que afirmase que la organización transatlántica estaba en estado de “muerte cerebral”, el presidente estadounidense ha hecho saber de forma abrupta a los líderes del “Viejo Continente” que deben dejar de soñar con una “relación especial” con Estados Unidos, siendo Boris Johnson, como artífice del brexit, el único merecedor de este favor. Europa será tratada exactamente igual que el resto del mundo. Ni mejor ni peor. De este modo, Trump ha desestabilizado profundamente a la mayor parte de los socios tradicionales de Estados Unidos, huérfanos inopinados del atlantismo de antaño.

Sin decirlo abiertamente, como es natural, Macron ha aprovechado el espacio de influencia política liberado para someter a los Gobiernos de la UE a lo que podríamos llamar la prueba de la disuasión nuclear francesa, con el fin de medir su compromiso con una “Europa europea” de la cual él sería la reencarnación como heredero del general De Gaulle. A partir de ahora, y tras el brexit, Francia, única potencia nuclear de la UE y con el estatus de miembro permanente del Consejo de seguridad de la ONU, estaría en condiciones de aunar las iniciativas encaminadas a dotar a Europa de una capacidad de acción autónoma que superaría, de hecho, el ámbito de la Defensa. Para Emmanuel Macron, el modo en que los otros Gobiernos perciben el arsenal nuclear francés constituye un buen barómetro de su compromiso europeo. Les recuerda que “los intereses vitales de Francia presentan ahora una dimensión europea” y, como buen lector de Gramsci, les propone “la construcción de una cultura estratégica europea común”. No obstante, este ejercicio de colegialidad tiene sus límites, ya que, en última instancia, la disuasión nuclear “europea” seguiría dependiendo de la decisión de un solo hombre: el presidente francés. Por lo tanto, no es sorprendente que en las capitales europeas, y en particular en Berlín, estas propuestas se reciban con extrema precaución...

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Bernard Cassen