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Los conflictos étnicos fragilizan Pekín

La fiebre aumenta en el Far West chino

Justo cuando su economía busca un segundo aliento, ¿está China amenazada en sus márgenes, por el Tíbet al sur, Mongolia interior al norte y Xinjiang en el extremo oeste? ¿O por una de las otras cincuenta y dos minorías oficialmente censadas? En todo caso, el Imperio del Medio ha entrado en una fase de explosiones repetidas. La que ha opuesto la comunidad musulmana turcófona a la mayoría ‘han’, en Urumqi, en julio de 2009, ha sido muy violenta. El Gobierno ve ahí la prueba de un complot internacional destinado a desestabilizar el país: tras la mano de Tenzin Gyatso, decimocuarto Dalai Lama, exiliado en la India, está la de Rebiya Kadeer, presidente del Congreso Mundial Uigur, exiliado en Washington… Sin duda estos dirigentes no tendrían este peso si el poder llevara otra política. Los uigures sufren una “hanización” no organizada del todo por Pekín pero que, de hecho, los margina, una modernización rápida que los excluye y un desarrollo del turismo que reduce su cultura a costumbres.

por Martine Bulard, septiembre de 2009

Este viaje a los confines más occidentales de China comienza… en la estación de metro Château de Vincennes, cerca de París, en la trastienda de una brasserie común y corriente. Con la mirada asustada y las manos temblorosas, un uigur, flanqueado por un policía francés vestido de civil y encargado de su protección, mira a la persona que acaba de llegar para entrevistarlo y que, sospecha, podría pertenecer a la policía política china, disfrazada de periodista. El hombre, perteneciente al Congreso Mundial Uigur que agrupa a los disidentes en el extranjero, acaba de obtener el estatuto de refugiado político en Francia.

Su historia es muy común: protesta contra una injusticia en su lugar de trabajo en Xinjiang, arresto, cárcel, huida… y no sabremos mucho más. Su miedo, en este lugar apacible, hasta podría despertar una sonrisa. Pero es representativo de la presión moral y física a la que están sometidos los (...)

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