El autor fue un carmelita mexicano que dirigió su orden a nivel mundial durante doce años. Ofrece por ello una visión a la vez crítica y documentada de su caminar como carmelita y ser humano. Fue, además, un actor importante en el cuestionamiento de Maciel (el fundador de los legionarios de Cristo) y de las luchas de poder en el Vaticano y en la curia romana.
Su testimonio es clave porque con ello se entiende mejor las luchas palaciegas en tiempo del papa Juan Pablo II y la perniciosa actuación tanto de la curia como de algunos cardenales, “considero importante decir mi palabra en una Iglesia que en los últimos años no está abierta al diálogo ni a la unidad en la diversidad…soy parte de una generación que vivió con ilusión y esperanza el Concilio Vaticano II, que esperó el brotar de la primavera en la Iglesia y que ha asistido (...)


