Aunque en los mapas se representan con un sólido trazo, los 2640 kilómetros de la línea Durand —nombre que recibe la frontera que separa Pakistán de Afganistán— tienen más de colador que de otra cosa. Esta frontera es un espacio geopolítico poroso y fluido que apenas existe en los hechos. Queda borrada en función de los intercambios entre regiones tribales pastunes y brinda un espacio ideal para los rebeldes de uno y otro lado de su trazado. Un contexto que favorece la injerencia de ambas capitales en los asuntos internos de su vecino.
En los últimos meses, la región ha entrado en una fase agravada de conflicto. Los enfrentamientos esporádicos y los conflictos localizados han dado paso a un enfrentamiento militar abierto. A finales de febrero, Pakistán incursionó en profundidad en territorio afgano con unos ataques aéreos que tuvieron por objetivo ciudades como Kabul o Kandahar, así como la antigua base (...)



