Es una larga historia. Comienza en Dordoña, en el Périgord. Una carta, en 2020, recibida en cada vivienda: “La recogida de residuos terminará en 2021”. Anuncio inquietante, anuncio de broma: al principio no supimos cómo tomárnoslo. Hasta que empezaron las apariciones. Al comenzar la jornada, una mañana, vimos contenedores junto al cementerio. Cuatro o cinco enormes masas grises con tapas verdes, amarillas y marrones colocadas al pie de las tumbas. Gigantes cubos de basura instalados entre los muertos.
Unas inscripciones rezaban: “A partir de 2021, tendrá que depositar sus residuos en los Puntos de Aportaciones Voluntarias”. También hubo otras misivas para advertir a los habitantes del futuro buen uso de su voluntad. Su (...)



