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Un año después de la euforia de la victoria electoral

Temibles desafíos para la transición brasileña

Brasil se afirma en la escena mundial: durante la Conferencia Mundial del Comercio en Cancúm, desarrolla alianzas con la India, África del Sur y China en el seno del G22; y ofrece resistencia frente a los Estados Unidos para la puesta en marcha de la Zona de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Pero la sujeción a las instituciones monetarias internacionales y a los poderes locales de las oligarquías feudales obstruyen las reformas sociales esperadas por los brasileños.

por Gilles de Staal, diciembre de 2003

Desde la victoria de Luiz Inácio «Lula» da Silva, el 27 de octubre de 2002, para los dirigentes brasileños del Partido de los Trabajadores (PT) estaba claro que la aplicación del programa de gobierno –ruptura con el neoliberalismo, reforma agraria, autosuficiencia alimentaria, orientación de las inversiones por intervención pública, inclusión social, democracia participativa, en suma, el «nuevo paradigma», como gustan decir– se haría en dos tiempos.

Primero, un «período de transición», dictado por la duración del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Durante este periodo, sin cambiar nada en las orientaciones económicas en curso, se aplicaría una austeridad drástica anclada en reformas constitucionales del régimen tributario y las jubilaciones públicas, con el fin de devolver a Brasil la independencia económica necesaria para determinar sus opciones de desarrollo. «Nuestro compromiso es por cuatro años, explicaba entonces José Genoino, presidente del PT. El desafío es rehacer la casa mientras seguimos viviendo en (...)

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