¿Qué decidirán los egipcios, convocados a elegir su Parlamento a finales de septiembre y su Presidente a finales de diciembre? A pocos meses de esas elecciones, este interrogante atormenta tanto más a los dirigentes, analistas e intelectuales, cuanto que nadie puede aportar un principio de respuesta. En 2005, con ocasión de unas elecciones legislativas menos amañadas que de costumbre, se desplazaron a votar entre cuatro y cinco millones de ciudadanos; en marzo de 2011, 18 millones se pronunciaron sobre las enmiendas a la Constitución; para este otoño se estima que serán entre 25 y 30 millones los que harán uso de un derecho durante tanto tiempo manipulado y al que ya no están dispuestos a renunciar.
Como antaño en Francia, cuando los burgueses defendían el escrutinio censitario afirmando que sólo los propietarios debían participar en los asuntos de la ciudad, en Egipto algunos comparten este temor al pueblo que, desde la (...)