El lunes 21 de octubre de 2013, el embajador de Estados Unidos en Francia fue convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores francés: el diario Le Monde acababa de publicar varios extractos de las revelaciones del denunciante Edward Snowden que sacaban a la luz la intercepción, en un mes, de “70,3 millones de registros de datos telefónicos de ciudadanos franceses” por parte de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés): una operación de vigilancia “a gran escala”.
El por entonces primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, exigió de Washington “respuestas claras” e insistió en que Estados Unidos trabajara con Francia para crear “unas condiciones de transparencia que pongan fin a estas (...)



