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¿La guerra de los Veinte Años?

Editorial, por Serge Halimi, agosto de 2020

Los soldados estadounidenses de 18 años que actualmente parten a hacer la guerra en Afganistán todavía no habían nacido cuando esta se desencadenó. En 2012, Donald Trump ya concluyó: “Es hora de abandonar Afganistán” (1). No está claro que logre su objetivo más que su predecesor Barack Obama. Ya que todas las tentativas de retirar militarmente a Estados Unidos del país que sea –Siria, Libia, Corea, Alemania– levantan ampollas en Washington. Enseguida, el lobby de la guerra se manifiesta: ¡Cuidado con los rusos! ¡Que vienen los rusos! Por más que el presupuesto militar de Estados Unidos (738.000 millones de dólares en 2020) sea más de diez veces superior al de Rusia, basta con agitar el espantajo de Moscú para que republicanos y demócratas muestren al unísono sus miedos. Y saben que pueden contar con el apoyo editorial de The New York Times.

El 27 de junio, el diario estadounidense publicó una filtración de la Central Intelligence Agency (CIA), según la cual Rusia había pagado primas a insurgentes afganos para que mataran a soldados estadounidenses (2). Ahora bien, todo el mundo recuerda que en los meses que precedieron a la guerra de Irak The New York Times desempeñó un papel decisivo en la difusión de patrañas relativas a las “armas de destrucción masiva” de Sadam Husein (3). La psicosis antirrusa de este gran diario liberal le resulta evidente a cualquiera que escriba los términos “Rusia” o “Putin” en su motor de búsqueda.

La exclusiva afgana –de la que The New York Times ya parecía dudar ocho días después de haberla publicado– plantea otros interrogantes. ¿A quién beneficia esa “información” en el momento en el que la retirada de las últimas tropas estadounidenses parecía más o menos asegurada? ¿Tiene Estados Unidos motivos para indignarse de que uno de sus adversarios declarados ayude a insurgentes afganos cuando su aliado, Pakistán, hace lo mismo desde hace tiempo, y cuando ellos mismos, entre 1980 y 1988, suministraron a los muyahidines en guerra contra Moscú armas sofisticadas con las que estos mataron a miles de soldados soviéticos? Por último, ¿cómo explicar que el diario neoyorquino, que no ha dejado de ofrecernos largas y conmovedoras semblanzas de los tres marines supuestamente víctimas de las “primas rusas” –uno llevaba bigote y practicaba culturismo, al otro le gustaba ver una y otra vez la saga de Star Wars, el tercero adoraba a sus tres hijas…–, haya olvidado informarnos de que otro organismo de inteligencia estadounidense, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), no concedía ningún crédito a la exclusiva de la CIA (4)?

Así pues, el pasado 1 de julio, una amplia coalición de parlamentarios, demócratas y republicanos, se valió de las “revelaciones” de The New York Times para dificultar una retirada estadounidense de Afganistán. Sin embargo, la mejor manera de impedir que soldados extranjeros continúen muriendo en dicho país es sacándolos de allí.

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(1) Twitter, 27 de febrero de 2012.

(2) Russia offered Afghans bounty to kill US troops, officials say”, The New York Times, 27 de junio de 2020.

(3) Cf. “Fake news, une fausse épidémie?”, Manière de voir, n.º 172, agosto-septiembre de 2020.

(4) NSA differed from CIA, others on Russia bounty intelligence”, The Wall Street Journal, Nueva York, 1 de julio de 2020.

Serge Halimi

Director de Le Monde diplomatique.