“No quiero morir, todavía no. Pero he dejado el revólver en el cajón de la mesita de noche para tenerlo a mano si llega el momento en que desee morir. Aunque cabe la posibilidad de que al final ocurra de otra manera. Todo es siempre de otra manera”.
Esta anotación del novelista húngaro Sándor Márai en su Diario, fechada dos años antes de dispararse un tiro en la cabeza, marca el tono del libro. Su mujer –de quien tanto dependía emocionalmente– murió luego de una larga enfermedad y el escritor, acorralado por la vejez y la soledad, va a dar el paso definitivo en su exilio de San Diego (California), donde lo mantiene vivo el monólogo que entabla en su diario.
Vemos a Márai cerrando puertas y ventanas para refugiarse en la oscuridad de la última habitación donde es preciso acabar. Es un viejo aterrorizado que aprendió el manejo de las armas (...)