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En el corazón de una región estratégica

Bahrein, simulacro de democracia

En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush ha celebrado los progresos democráticos llevados a término en Bahrein. Sin embargo, el emir, autoproclamado rey hace tres años, ha promulgado una Constitución que le garantiza todos los poderes y se opone a algunas libertades reclamadas por el movimiento popular. Los encarcelamientos arbitrarios han vuelto a aparecer, los antiguos torturadores se pavonean de nuevo y una de las más importantes organizaciones de defensa de los derechos humanos ha sido disuelta.

por Marc Pellas, abril de 2005

“Usted acusó al Primer ministro de corrupción, por lo que se le imputa el cargo de incitación al odio contra el régimen y difusión de informaciones falsas. A partir de ahora queda detenido”. Cuando oyó a los oficiales de policía –que lo habían convocado en plena noche a una comisaría muy custodiada– enumerar esas acusaciones, el vicepresidente y director general del Centro de Derechos Humanos de Bahrein (CDHB), Abdulhadi Al-Khawaja, comprendió que corría el riesgo de pasar varios años de su vida en la cárcel.

Todo había comenzado dos días antes, el 24 de septiembre de 2004, durante un discurso pronunciado por Al-Khawaja en un simposio sobre “Pobreza y derechos económicos”. En esa intervención había relacionado directamente el “desastre económico” del país, con la “creciente desigualdad en el reparto de las riquezas”, la corrupción del gobierno y la situación de cerca de 80.000 ciudadanos de Bahrein que viven bajo el nivel (...)

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