En la novela Tambor de arranque, los personajes habitan el intricado paisaje claustrofóbico de los suburbios, atrapados en la miseria de las aspiraciones fallidas y la cobardía personal. “Desde el sillón Leo pudo escuchar cómo Andrea le gritaba a su mujer (…). En la pantalla, la imagen estaba suspendida en un mundo que giraba silencioso sobre su propio eje”. Sus desgracias son banales; sus tragedias, como sus vidas, íntimas. Su autor, Francisco Bitar (Santa Fe, Argentina, 1981), no nos ofrece consuelo a través de la redención. Al contrario, su novela se construye en torno a la parte más vulnerable de la pesadilla, el mundo distópico que ocupa, misteriosamente, el lugar del paraíso prometido.
No hay lugar en Tambor para la fabulación lúdica y tramposa; Bitar es realista por naturaleza, heredero del estilo seco y conciso de Hemingway, del turbio minimalismo de Carver. Pero Bitar posee algo más: una especie de transparencia, (...)


