El pasado 18 de septiembre, a solo unos días del comienzo del Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta (21-28 de septiembre), mientras Kigali, la capital de Ruanda, se engalanaba con los colores de la Unión Ciclista Internacional (UCI), un percance a 6000 kilómetros de distancia gripaba la bien engrasada maquinaria de comunicación del régimen. En el aeropuerto de Bruselas se impide embarcar al periodista Stijn Vercruysse. Pese a su acreditación, firmada por el Ministerio de Deportes de Ruanda y por la UCI, su posicionamiento crítico hacia las autoridades del país acabó por cerrarle las puertas del vuelo de Brussels Airlines con destino al “país (...)


