
- Selçuk
Tres semanas antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas de 1995, el asesor político y de la patronal Alain Minc deploraba que los comicios no opusieran a Édouard Balladur y Jacques Delors, dos partidarios de la Europa liberal. “Estábamos a un milímetro de tener una campaña de país muy desarrollado, muy sofisticado, entre el centro derecha y el centro izquierda, a la alemana, y lo que tenemos es una campaña mucho más marcada por la vieja inclinación francesa al sueño, a la ilusión, al sentimiento de que la política lo domina todo” (LCI, 1 de abril de 1995). Tras dedicarse a desacreditar a los candidatos susceptibles de obstaculizar este duelo entre hermanos siameses, la élite mediática francesa también había rumiado su amargura contra un pueblo en exceso tosco y pervertido por el “populismo”.
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