CONSERVAR
Blancos o en tonos pastel, a finales del siglo xix aparecen unos finos papeles de seda envolviendo naranjas o limones. Los cítricos se convierten en un producto de consumo cotidiano y globalizado. El papel protege durante el transporte, pero también indica el origen y el calibre y da fe de los controles sanitarios para facilitar el paso de fronteras. Impresas con sello de caucho, las deslumbrantes imágenes de las marcas de cítricos —arrugadas, eso sí— recorren el mundo. Estas ilustraciones, inspiradas ocasionalmente en la cultura popular, rara vez llevan el nombre de sus autores. Con unas pocas excepciones: el artista figurativo Jean Le Gac diseñó la marca “Le peintre” para un amigo importador; también estuvo la serie “Naranjas de artistas”, encargada por una imprenta siciliana…
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