Serán menos de un centenar quienes esta noche de noviembre se atreven a desafiar los rigores del invierno tokiota. Nos hallamos en las proximidades del Sori Kantei, el complejo que desde la década de 1920 alberga las oficinas y la residencia de los primeros ministros del país, y las pancartas de los manifestantes no se andan con los acostumbrados miramientos japoneses: “¡Takaichi dimisión!”. Algunas semanas antes, el 7 de noviembre de 2025, la primera ministra había declarado ante la Cámara de Representantes que Japón consideraría una intervención militar china en Taiwán como una “situación crítica para [sus] intereses vitales”, lo que justificaría una intervención de las Fuerzas de Autodefensa japonesas. Para los manifestantes, una provocación peligrosa e inútil. La reacción china, por su parte, no se hizo esperar.
Pero, pese a las manifestaciones, lo cierto es que el estilo directo y la línea dura de la primera mujer al frente del (...)


