Son las cinco y, como todas las mañanas, Jean-Paul Guth abre las puertas de su quiosco de prensa en la Avenida de Toulon, en Marsella. En cuanto recibe los paquetes llegados desde los almacenes de prensa, coge unos ejemplares y los reparte a cafeterías y a algunos clientes particulares. A las siete ya está de vuelta tras el mostrador, donde permanecerá todo el día excepto durante la pausa de la comida. Hace veinticinco años que Guth repite esta rutina todos los días. Solo se concede un descanso los sábados y domingos por la tarde. En cuanto a las vacaciones, este hombre de mediana (...)
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Hecatombe en los quioscos
Antes de materializarse en forma de enormes granjas de servidores, la difusión de la información dependía de una constelación de vendedores de periódicos. A pesar de las condiciones de trabajo a menudo agotadoras y del declive de las publicaciones impresas, los quiosqueros, libreros, dependientes de puntos de prensa, repartidores y distribuidores se esfuerzan por mantener vivos estos lugares.
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