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Sociedad

Bueno para el pueblo

por Ulysse Baratin, mayo de 2026

Los estudios sociológicos no dejan de dar fe de lo reducido que es el grupo social de los usuarios de las instituciones culturales, por más que en el pasado, en las décadas de 1950 y 1960, experimentara en Francia cierta ampliación cuando, por ejemplo, el Teatro Nacional Popular contaba también con obreros entre su público. Victorien Bornéat, consejero de cultura en una gran corporación territorial y cercano al Partido Socialista, ha abordado este tema, regularmente tratado tanto por la izquierda como por la derecha y cada vez con mayor frecuencia instrumentalizado en nombre del sentido común, la justicia… y el ahorro (1). En un breve ensayo que ha conocido un gran éxito mediático en Francia, Bornéat defiende el apoyo de los poderes públicos al arte, pero no a cualquier arte: se denuncian las obras juzgadas eruditas, experimentales, con relatos “no lineales” o las que hacen “de la indagación formal un fin en sí mismo”. Según él, la cultura subvencionada, “legítima”, desde la ópera al teatro público, genera humillación y exclusión, dada la ausencia de un “capital cultural”. De ahí que abogue por una estética “inteligible para toda la población, sea cual se su origen social”. Dejemos de lado lo que podría verse como un cierto desprecio… social.

Este proyecto, el “nuevo arte popular”, se define como un “espacio híbrido”, desjerarquizado, en el que se entremezclan las referencias a la cultura clásica, la erudita y la popular. Presentado como una “vanguardia” que entrañaría una “desviación de la órbita de la historia del arte”, esta hibridación lleva mucho tiempo siendo identificada (2). En cuanto a la estética que merece la aprobación de Bornéat, inclinada —como era de esperar— al realismo, política, documental y deseosa de llegar a una mayoría (Hugues Duchêne, Annie Ernaux), de momento nada prueba que su público vaya más allá de la pequeña burguesía cultural. Pero, sobre todo, la idea que propugna de una cultura popular unificadora se asemeja a lo que defiende la “derecha populista”, pese a ser esta última el adversario al que se señala en el libro: misma crítica del apoyo estatal a las innovaciones formales instaurado en la década de 1970, misma promoción de espectáculos de supuesta reconciliación social… La “popularidad” (3) en el arte se ve aquí defendida por la “izquierda de gobierno”. Y se perfila un objetivo común: someter a los artistas a agendas partidistas en nombre del pueblo.

Por último, Bornéat propone, como tantos otros, la colaboración de los expertos culturales con comités de ciudadanos (4): democratizar el funcionamiento de museos y salas de espectáculos públicos parece, en efecto, más convincente que tratar de “democratizar” el arte imponiendo un programa a los artistas. También exhorta a la generalización de obras “locales” que actúen como “un foco de unión social en el corazón de la vida cotidiana”. Una iniciativa que data de la década de 1960 (5) y ya desplegada en numerosas estructuras en las que dichas obras ofrecen, por añadidura, apasionantes indagaciones… formales. Este género de programación puede verse acompañado de una mayor valorización de la educación artística y cultural, cuestión ausente en este libro, a pesar de lo parcialmente probado de sus efectos (6).

Paralelamente, el silencio que guarda sobre la cuestión concreta de la financiación no deja de ser elocuente. Y no va a disolverse entre eslóganes carentes de novedad, más populistas que progresistas.

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(1) Victorien Bornéat, L’Exclusion culturelle. Manifeste pour une riposte populaire, Éditions du Faubourg, París, 2026.

(2) Pierre-Michel Menger, Le Travail créateur, Seuil, París, 2009.

(3) Cf. la carta de mandato dirigida a Christine Albanel por Nicolas Sarkozy, el 1 de agosto de 2007: “Exigirá de toda estructura subvencionada que dé cuenta de su actividad y de la popularidad de sus intervenciones”.

(4) Catherine Dutheil-Pessin y François Ribac, La Fabrique de la programmation culturelle, La Dispute, París, 2017.

(5) Philippe Madral, Le Théâtre hors les murs, Seuil, 1969.

(6) Anne Jonchery y Sylvie Octobre (dirs.), L’Éducation artistique et culturelle. Une utopie à l’épreuve des sciences sociales, Ministerio de Cultura-DEPS, Presses de Sciences Po, París, 2022.

Ulysse Baratin

Director de la Scène de Recherche (plataforma de investigación y creación teatral) de la École Normale Supérieure de París-Saclay.

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