Una espiral sangrienta, una lluvia constante de bombas, muertos que se cuentan por centenares: en menos de un mes de una campaña de intensos bombardeos que se han cebado tanto con el sur y el este del país como con los barrios periféricos, densamente poblados, del sur de Beirut, Israel le ha devuelto a la capital libanesa las viejas galas de ciudad maltratada tanto por la guerra civil (1975-1990) como por la que en 2006 enfrentó durante treinta días a Hezbolá con el Ejército israelí. Los beirutíes no han tardado en recuperar sus reflejos de supervivencia y ayuda mutua “característicos del Homo libanicus”, como ironiza Nasri Sayegh esbozando una triste sonrisa. En medio del caos que le rodea, este artista se ha ocupado de poner a salvo en un almacén abandonado a cerca de ciento cincuenta mujeres sierraleonesas, trabajadoras domésticas abandonadas a su suerte por sus empleadores.
Un año de enfrentamientos (...)






