
- AARON JOHNSON. – Ornithology (‘Ornitología’), 2022
Julien Rochedy no pudo ocultar su alegría al enterarse de que Éric Ciotti se había unido a Reagrupamiento Nacional (RN): “Mi sueño político desde hace más de diez años”, se entusiasmó en su cuenta de X (137.000 seguidores). Este apuesto treintañero, director del Frente Nacional de la Juventud (las juventudes del Frente Nacional) a principios de la década de 2010, dejó el partido de extrema derecha en 2014, concretamente para protestar por la presencia de “hombrecillos alrededor de Florian Philippot [el entonces vicepresidente del partido]. […] Jóvenes que, desde mi punto de vista, no son hombres”. Más tarde, Rochedy trató de poner en pie École Major, un proyecto destinado a brindar formación sobre masculinidad y seducción y que quedó en agua de borrajas pese a su formulación original (“valor”, “espíritu de conquista”, “voluntad de poder”). En la actualidad ha emprendido una carrera de productor de contenidos audiovisuales para internet y publica libros en Éditions Hétairie: L’Amour et la guerre. Répondre aux féministes (‘El amor y la guerra: respondiendo a las feministas’, 2021), Veni vidi vici. Menaces sur les gauchistes (‘Veni, vidi, vici. Amenazas a los izquierdistas’, 2021, con Papacito), Surhommes et sous-hommes. Valeur et destin de l’homme (‘Superhombres y subhombres. Valor y destino del hombre’, 2023)... Es obvio que el ensayista tiene sus ideas fijas: quiere devolverle “a la masculinidad el ideal de una virilidad sana y aristocrática, la del ‘hombre total’ europeo, desde el griego al gentilhombre”.
Junto con Papacito, Baptiste Marchais, Valek o Stéphane Edouard, Julien Rochedy encarna la flor y nata de la esfera masculinista (la “machosfera”) francesa, que delira con un mundo regido por mujeres en el que la masculinidad está supuestamente amenazada y en cuyo discurso se mezcla la homofobia, la misoginia y, a menudo, la xenofobia y un anhelo de autoritarismo. Ideas que cada vez comparte más gente, como afirma la antropóloga Mélanie Gourarier, que lleva varios años realizando encuestas entre grupos de “seductores”: “Este discurso se desarrolla desde hace ya tres […] décadas tanto en Francia, como, más ampliamente, en Europa y en Norteamérica, y se articula en torno a una defensa de los padres, los hombres y lo masculino en general. Aunque en apariencia no están relacionadas entre sí, estas narrativas victimistas proceden, sin embargo, de la misma ideología masculinista basada en la apología de la ‘causa de los hombres’”. Se trata de una reacción “frente a las luchas feministas” y a “varias décadas de opresión misándrica” (1).
Algunos “seductores” –los pickup artists, ‘artistas del ligue’– han visto en ello su oportunidad. A cambio de una remuneración, asesoran a sus congéneres, paralizados por las nuevas reglas del mercado sexual. A la vez estetas y cazadores, pasma su habilidad para “llevarse de calle” a individuos de género femenino. No dudan en poner en práctica todo género de manipulaciones para “levantarse” a mujeres y meterlas en sus camas, y se intercambian trucos para que caiga “la resistencia de último minuto”, la que puede llevar a que su presa se largue pitando.
Los incels (2), por su parte, se resignan al celibato y detestan a las mujeres que les privan de unas relaciones sexuales a las cuales creen tener derecho. Divulgan sus siniestras ideas en los foros de internet. Los más radicalizados cometen atentados y luego se suicidan, como Elliot Rogers (seis víctimas mortales en 2014) o Scott Beierle (dos en 2018) en Estados Unidos, o bien como Jake Davison en el Reino Unido (cinco víctimas mortales en 2021). Para evitar ese riesgo, los MGTOW (men going their own way, ‘hombres que siguen su propio camino’) prefieren mantener las distancias: consideran que, en los tiempos que corren, mantener relaciones con mujeres constituye un peligro. ¿Cuántas carreras han acabado rotas después de que una “feminazi” protestara por un comportamiento inapropiado? Además, la justicia, toda ella entregada a su misandria, resuelve sistemáticamente en favor de las mujeres en caso de divorcio, y priva a los hombres de sus hijos, condenándoles al mismo tiempo a pagar ruinosas pensiones alimentarias.
En 1968, siguiendo el modelo de los grupos feministas de concienciación, había hombres que se reunían para debatir sobre el patriarcado y sus fechorías. Pero “la iniciativa de crear grupos de hombres –explica Francis Dupuis-Déri– abrió el camino al desarrollo de la ideología masculinista y a una resaca antifeminista. Hay que decir que la separación de sexos no tiene la misma significación política ni los mismos efectos para las clases dominantes que para las subordinadas” (3). Tras observar la recurrencia de las “crisis de la masculinidad” en épocas y sociedades tan alejadas entre sí como la antigua Roma, la Alemania nazi o la India de hoy en día, este politólogo no puede evitar burlarse: “Los hombres no están en crisis; crean crisis”.
“La recurrencia histórica del tema de la ‘crisis’ o del ‘malestar’ de la masculinidad subraya, en efecto, el papel de este motivo como instrumento de resistencia frente a la evolución de las relaciones entre los géneros”, escribe Mélanie Gourarier. Esta retórica alarmista es tanto un indicador como un estandarte, la causa común de un contramovimiento social que, gracias a internet y las redes sociales, acaba encarnándose en las figuras de la “machosfera”.
En Francia, el masculinismo en internet contribuye a la batalla cultural de la extrema derecha. Eminentes figuras de mayor edad han abierto camino a la joven guardia. Antes de reeditar La Francia judía, de Édouard Drumont, Alain Soral se había alarmado en sus libros por la suerte de los hombres (4) y en 2001 rodó Confession d’un dragueur (‘Confesión de un ligón’), una película a la que, en su momento, Les Cahiers du cinéma no dejó de verle cierto mérito. Por su parte, Éric Zemmour vinculó de manera precoz el destino de Francia a la defensa de la virilidad. En El primer sexo (existe traducción española, editada por Homo Legens, 2019) se nos informa de que “todo ha sucedido como si los hombres franceses y europeos, tras haber dejado su falo en tierra, sin poder o querer ya fecundar a sus mujeres, que se han vuelto desobedientes, hubieran pedido auxilio a sus antiguos ‘servidores’, a quienes habían emancipado”. L’Express (23 de febrero de 2006) señaló entonces que “dado el conformismo que reina en el ambiente, un poco de insolencia no hace daño”.
Anne-Thaïs du Tertre d’Escoeuffant –más conocida como Thaïs d’Escufon– se cuenta entre los más señalados de los influencers masculinistas franceses. Tras pasar brevemente por Action Française y haber sido portavoz de Génération Identitaire (dos movimientos franceses de extrema derecha), en la actualidad guerrea en internet contra “la sociedad moderna, que ha vuelto miserable al hombre y ha dejado sin principios a la mujer” (5). Esta comprometida activista, experta de nuevo cuño en materia de relaciones entre hombres y mujeres, acude sin tardanza en auxilio de los hombres blancos. Y, ya puestos, cuadruplica el número de sus seguidores.
Convencida de que “las feministas lo han destruido todo”, Thaïs d’Escufon no desdeña ninguna plataforma: ya sea en X, YouTube, TikTok o Telegram, se abalanza sobre las mujeres “díscolas” y advierte: “Un hombre con un futuro brillante merece una mujer de pasado puro”. El “hombre medio” es un mimado, y gracias a ella aprende a sortear las trampas de las tchoins –‘chicas fáciles’, en el argot de Costa de Marfil– para encontrar “una mujer de gran valor” con la que fundar un hogar. También ordena a sus 64.900 seguidores en X: “Si una mujer te quiere de verdad y tú la tratas correctamente, cocinará para ti, se acostará contigo, te apoyará en tus proyectos, te dará hijos, hará la limpieza, te obedecerá y te respetará. Ese es el mínimo exigible. Si no, lárgate”.
El algoritmo de TikTok no se cuida de sutilezas: el modelo económico de la red social preferido de la franja de edad de entre 15 y 24 años anima la difusión de contenidos excesivos. El último informe del Alto Consejo para la Igualdad entre Mujeres y Hombres sobre la situación del sexismo en Francia no invita al optimismo: “Los reflejos masculinistas y las conductas machistas están echando raíces, en especial entre los jóvenes adultos varones, mientras que la asignación de las mujeres al ámbito doméstico y al papel de madres vuelve a ganar terreno” (6). Lo que no está claro es que Thaïs d’Escufion deba llevarse todo el mérito.
El 26 de mayo de 2024, Thibaud Delapart, alias Tibo Inshape (20 millones de suscriptores), se convirtió en el youtuber francés más seguido. Entre dos sesiones de abdominales, participa en la promoción del Servicio Nacional Universal (SNU, un servicio civil voluntario implantado en 2019 y dirigido a adolescentes) en un vídeo remunerado por el Gobierno o graba un videoblog con gendarmes en el que se indigna por la inseguridad. Por más que encarne cierta forma de virilidad, este “creador de contenidos de fitness” tiene sus sentimientos, como todo el mundo. En 2017 organizó la “elección de Miss InShape” para encontrar compañera: “¿Eres una pequeña [sic] y has cumplido los 18? ¡Haz un vídeo presentándote y explicando por qué debes ser la nueva señora InShape, y los suscriptores votarán para elegir a la mejor candidata!”. Recientemente departió sobre “temas íntimos” con la sexóloga Thérèse Hargot. “¿Cómo durar más tiempo en la cama?”, pregunta él. El sexo es un “trabajo de equipo –responde la sexóloga–. Las mujeres son responsables de su sexualidad. […] No por el hecho de ser quien recibe se ha de ser pasivo. Es como cuando tienes invitados en casa […]: eres tú quien decide lo que les vas a servir de aperitivo y cuándo sacas el postre”.
Banalizados por los influencers, los contenidos masculinistas proliferan por internet en la actualidad –especialmente en foros como Reddit o jeuxvideo.com–, favorecidos por el anonimato que brindan los seudónimos. “Las redes sociales usadas por el gran público, como Twitter, Facebook, Instagram, TikTok o Snapchat se han convertido en plataformas de promoción de estas ideas masculinistas –sostiene un informe del Instituto del Género en la Geopolítica (IGG)–. Una situación que resulta tanto más preocupante por cuanto la mayoría de los usuarios son jóvenes y las redes sociales forman parte integrante de su construcción social” (7).
La socióloga australiana Raewyn Connell ya en 1995 dejaba constancia de hasta qué punto la dominación masculina debe contemporizar con el cuestionamiento de su legitimidad. En su opinión, “la masculinidad hegemónica encarna una estrategia de ‘aceptada en un momento dado’. Cuando las condiciones de la defensa del patriarcado cambian, los fundamentos de la dominación de una masculinidad particular se erosionan” (8).
Esta masculinidad hegemónica constantemente renegociada permite que la dominación masculina se reinvente a la vez que se perpetúa. En este sentido, Mélanie Gourarier señala cómo “el nuevo mandato de la afirmación de una sensibilidad y una emotividad que se suponen propiamente masculinas no debe ser pensado como un debilitamiento de lo masculino”. Antes al contrario, participa “en la elaboración de una nueva normatividad masculina a expensas de los hombres que no están en condiciones de hacerla propia, en ausencia de las predisposiciones necesarias. No basta con ser un hombre para disfrutar del poder que procura este estatus; hay que serlo, además, del modo ‘correcto’”.
Ahora bien, el espíritu de nuestros tiempos se caracteriza por el cuestionamiento de las violencias sexistas y sexuales y la puesta en tela de juicio de las asignaciones de género. Los emprendedores de la red no pueden ignorarlo. La comunidad de Benjamin Nevert –“un tío ‘deconstruido’, uno de verdad”, como certifica Le Monde (10 de octubre de 2021)– cuenta con más de 560.000 seguidores de su canal de YouTube. El autor de Je ne suis pas viril (‘No soy viril’, First, 2021) da cuenta regularmente de las dificultades de los hombres y las exigencias que pesan sobre ellos. En su emisión Entre mecs (‘Entre tíos’), sus invitados pueden hablar de las dificultades que tienen para decir “Te quiero” y discuten de los más variados temas, como “el ligue”, “el sexo”, “la ruptura amorosa” o “la picha”.
“Hoy, soy claramente un hombre feminista”, declara “Ben” Nevert. De ello da fe la película de un “realismo sensible, humano y conmovedor” que realizó en 2022 para Dorcel, el líder francés de la industria pornográfica –algunos de cuyos colaboradores han sido acusados de “violación”, “proxenetismo con agravantes” y “trata de seres humanos”–, que ha podido añadir a su catálogo la obra del influencer: Vrai couple, vraie baise (‘Pareja de verdad, polvo de verdad’). El patriarcado se ha llevado un duro golpe.









