Desde hace más de un siglo, la experiencia de las catástrofes ha servido para recordar periódicamente que entre las naciones y en el seno de cada una de ellas solo el imperio de la ley puede garantizar una paz duradera. En 1919, el terrible balance de la Gran Guerra mostró por primera vez el abismo al que conducía el desencadenamiento de la violencia en la era industrial. Para evitar su repetición, los negociadores del Tratado de Versalles desarrollaron un primer orden jurídico mundial basado en dos instituciones: la Sociedad de Naciones (...)


